Rosa Tous define su estudio como un "desorden ordenado". A lo largo de una casi infinita pared se despliega el panel de inspiración de la temporada –entregado a África, esta primavera/verano–; a lo largo de otra cuelgan en una estética y estática verticalidad cientos de collares de gemas de colores que le inspiran a la hora de pensar cuáles se harán realidad... En las paredes, fotografías de sus hijas, de sus nietos, de sus hermanos y sus padres. De Max, un chihuahua que les hizo terriblemente felices a su marido Salvador y a ella. Sobre la mesa, gatitos que agitan la pata en un loop eterno deseando buena suerte. Y, por todas partes, osos.
Uno blanco y con cara divertida, toma café mientras lee una revista tras el cristal de sus gafas de pasta. Otros se amontonan en un sofá rojo que evoca grandes momentos en la historia de Tous. Réplicas del oso que ha hecho icónica y legendaria la firma se distribuyen adoptando todas las formas y tamaños por todos los rincones. Al fin y al cabo, como Rosa dice, no necesita otro amuleto. Su oso le trae la mejor suerte del mundo.Siempre.
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